Sunday, 5 May 2013

La Juventud Vencedora


Hoy vamos a dirigirnos una vez más, a los jóvenes amigos, aunque ausentes, en espíritu presentes. Lo hacemos complacidos porque sabemos cuánto aprecian el mensaje de Cristo, que esperamos sea para ustedes un motivo de estímulo en la vida y que los ayude a desarrollar un  carácter noble, digno y cristiano.

¡Cuánto necesita hoy el mundo del vigor y de la fortaleza de la juventud!

¡Cuánto necesita de ella para sostener, fortalecer a esta pobre civilización que amenaza con un derrumbe inminente!

¡Cuánto necesita el mundo de una juventud cristiana, noble, entusiasta y vigorosa, capaz de vivir por los principios del bien y de la justicia!

Hoy la juventud de muchos países del mundo es una juventud desencantada. Ha envejecido prematuramente debido al sufrimiento y al odio engendrados por la guerra o por el temor a ella. En muchos países la juventud que no ha caído en una apatía desesperante y estéril, vive una vida desenfrenada y sin control. Pero eso no es natural en la juventud de hoy; más que nunca, es necesario que reaccione y ocupe el lugar que le corresponde. Es necesario que olvide el pasado y que, Dios mediante, domine el presente para de esta forma asegurarse el porvenir. No añores con tristeza lo pasado, pues jamás vuelve. Encara con sabiduría el presente, porque te pertenece. Avanza hacia el oculto porvenir, con viril resolución y sin temores.

Este mismo pensamiento lo expresó el Apóstol Pablo en Filipenses 3:12-14: “No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto, sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado de Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.”

También el Apóstol sugiere que es menesteroso olvidar los fracasos anteriores, que no es necesario cargar sobre nuestro corazón los sinsabores, los sufrimientos y los chascos que hayan podido ocurrir y generarse en nuestra vida en el pasado. Todo eso debe ser olvidado, debe quedar atrás, y entonces, aprovechando el momento presente, viviéndolo como debe vivirse, debemos extendernos hacia lo que está adelante o, como lo dice el Apóstol, debemos proseguir al blanco, “al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús”.

El pasado, el presente y el porvenir. Tres distintas épocas del tiempo, una de las cuales, el pasado, no pesa ya ni tiene valor, sino en la medida en que influye en el presente, y, por lo tanto, en el provenir. No debemos sentirnos desanimados por los fracasos anteriores. Ni de nuestras obras nobles del pasado, ni lo que fuimos antes, deben ser la única gloria que ilumine nuestro presente, porque desde el momento en que empezamos a vivir para el pasado, entramos en el terreno de la improductividad.

Joven amigo, ya no puedes ni mejorar al pasado, ni darle más brillo, pero el presente es tuyo. Aprovéchalo con sabiduría. Busca con todo tu corazón al Único que puede asegurar tu éxito, a Jesús el Salvador.

Se ha dicho más de una vez, que para el hombre de bien hay tarea inmensa en el mundo que debe ser realizada cunato antes.

El dolor y la congoja llaman hoy el corazón de millones de personas en todo el país. La enfermedad y el temor, la desesperanza y la incredulidad ponen calor de fiebre en la mente de los seres humanos. No es esta una oportunidad extraordinaria para todo joven sensible y de buen corazón. Joven amigo: no te dejes estar en la condición actual. Reconoce que hay una obra que tú puedes y debes hacer. Ataca a las dificultades. Es la única forma de vencerlas. ¡cuántos jóvenes, frente al desafío, como el que significa una obra grande que podría realizarse, optan por encogerse de hombros y decir: “¡Qué le vamos a hacer, yo no puedo cambiar esta situación. Después de todo, una golondrina no hace verano!” No, tú no puedes cambiar la situación del mundo, pero puedes cultivar tu huerto, puedes producir en él frutas sabrosas, puedes hacer cuanto esté a tu alcance para aliviar el dolor y el sufrimiento ajen. Y gozarás de la bendición de Dios. Todo el cielo estará contigo si adoptas una actitud positiva en favor del Todopoderoso y para bien de aquellos que necesitan de tus palabras amables, de tu sonrisa y de tu esfuerzo.

Que haya en ti un verdadero y cristiano espíritu de iniciativa, propio de juventud. Lucha contra el mal y contra los problemas con entereza, con virilidad, con espíritu constructivo. Ya dijo el sabio Salomón que: “El haber precioso del hombre es la diligencia” (Prov. 12:27). Pon la tuya al servicio de Dios y realizarás grandes obras. No temas ni aun lo que parece difícil. Que Dios te bendiga, amigo mío, para que pongas tu juventud al servicio de Dios y te asegures el cielo por tu fe actual y por el servicio que le rindes al Todopoderoso.

Hay ancianos que parecen más jóvenes que los mismo jóvenes y no temen las dificultades: las atacan y las vencen en cuanto tienen una oportunidad.

Ser joven. ¡Saber serlo! Triunfar sobre la vida es no dejar al alma perder la juventud; es caminar siguiendo la ruta esclarecida del bien que llena el mundo de gloria y de virtud.

Juventud: Entusiasmo, corriente de energía que sufre porque siente y lucha porque cree.

Ser joven es ser hombre por la sabiduría; luchar sabiendo siempre por quién y para qué.

¡Oh juventudes rotas, sin fe, sin ideales, ultrajes vergonzosos de esa divinidad!

Las juventudes nobles, de anhelos celestiales, serán contra vosotros, como la tempestad.

¡Hacia el futuro siempre! Dejemos el pasado lleno de sombras, vamos hacia un mundo mejor; hacia el reino glorioso que habló el crucificado, el más sublime ejemplo del hombre luchador.

¡Eternamente joven es Dios! Su fuerza eterna inunda el universo de inmensa claridad.

Dejemos que nos guíe quien todo lo gobierna…

¡Hacia Dios!... ¡Oh, Dios mío, tú eres la Santidad!

Hay jóvenes que ocuparían contentos su lugar en las filas del ejército que lucha contra el mal, que lucha por Dios, y para Dios, pero temen la opinión y la crítica de los demás. Pero, mi joven amigo, esa es una actitud negativa y es, además, una posición peligrosísima, porque quien le niega a los demás la bendición que puede darles, es indigno de recibir a su vez cualquier clase de bien. Debemos dejarnos guiar por la crítica de quienes nada dan en cambio de lo que quitan. No. Si el Señor pide un  valiente para que se encargue de una misión en su nombre, demos un paso adelante y digamos con las palabras del profeta Isaías: “Heme aquí, Señor, envíame a mí”. Jesús de Nazaret estará junto a nosotros en nuestra obra de bien. Seamos leales, cueste lo que cueste, y él nos llevará de triunfo en triunfo.
-Autor desconocido