¡Cuánto necesita hoy el mundo del vigor y de la fortaleza de
la juventud!
¡Cuánto necesita de ella para sostener, fortalecer a esta
pobre civilización que amenaza con un derrumbe inminente!
¡Cuánto necesita el mundo de una juventud cristiana, noble,
entusiasta y vigorosa, capaz de vivir por los principios del bien y de la
justicia!
Hoy la juventud de muchos países del mundo es una juventud
desencantada. Ha envejecido prematuramente debido al sufrimiento y al odio
engendrados por la guerra o por el temor a ella. En muchos países la juventud
que no ha caído en una apatía desesperante y estéril, vive una vida
desenfrenada y sin control. Pero eso no es natural en la juventud de hoy; más
que nunca, es necesario que reaccione y ocupe el lugar que le corresponde. Es
necesario que olvide el pasado y que, Dios mediante, domine el presente para de
esta forma asegurarse el porvenir. No añores con tristeza lo pasado, pues jamás
vuelve. Encara con sabiduría el presente, porque te pertenece. Avanza hacia el
oculto porvenir, con viril resolución y sin temores.
Este mismo pensamiento lo expresó el Apóstol Pablo en
Filipenses 3:12-14: “No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto, sino que
prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado de
Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haberlo alcanzado; pero una
cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que
está adelante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en
Cristo Jesús.”
También el Apóstol sugiere que es menesteroso olvidar los
fracasos anteriores, que no es necesario cargar sobre nuestro corazón los
sinsabores, los sufrimientos y los chascos que hayan podido ocurrir y generarse
en nuestra vida en el pasado. Todo eso debe ser olvidado, debe quedar atrás, y
entonces, aprovechando el momento presente, viviéndolo como debe vivirse,
debemos extendernos hacia lo que está adelante o, como lo dice el Apóstol,
debemos proseguir al blanco, “al premio de la soberana vocación de Dios en
Cristo Jesús”.
El pasado, el presente y el porvenir. Tres distintas épocas
del tiempo, una de las cuales, el pasado, no pesa ya ni tiene valor, sino en la
medida en que influye en el presente, y, por lo tanto, en el provenir. No
debemos sentirnos desanimados por los fracasos anteriores. Ni de nuestras obras
nobles del pasado, ni lo que fuimos antes, deben ser la única gloria que
ilumine nuestro presente, porque desde el momento en que empezamos a vivir para
el pasado, entramos en el terreno de la improductividad.
Joven amigo, ya no puedes ni mejorar al pasado, ni darle más
brillo, pero el presente es tuyo. Aprovéchalo con sabiduría. Busca con todo tu
corazón al Único que puede asegurar tu éxito, a Jesús el Salvador.
Se ha dicho más de una vez, que para el hombre de bien hay
tarea inmensa en el mundo que debe ser realizada cunato antes.
El dolor y la congoja llaman hoy el corazón de millones de
personas en todo el país. La enfermedad y el temor, la desesperanza y la
incredulidad ponen calor de fiebre en la mente de los seres humanos. No es esta
una oportunidad extraordinaria para todo joven sensible y de buen corazón.
Joven amigo: no te dejes estar en la condición actual. Reconoce que hay una
obra que tú puedes y debes hacer. Ataca a las dificultades. Es la única forma
de vencerlas. ¡cuántos jóvenes, frente al desafío, como el que significa una
obra grande que podría realizarse, optan por encogerse de hombros y decir: “¡Qué
le vamos a hacer, yo no puedo cambiar esta situación. Después de todo, una
golondrina no hace verano!” No, tú no puedes cambiar la situación del mundo,
pero puedes cultivar tu huerto, puedes producir en él frutas sabrosas, puedes
hacer cuanto esté a tu alcance para aliviar el dolor y el sufrimiento ajen. Y
gozarás de la bendición de Dios. Todo el cielo estará contigo si adoptas una
actitud positiva en favor del Todopoderoso y para bien de aquellos que
necesitan de tus palabras amables, de tu sonrisa y de tu esfuerzo.
Que haya en ti un verdadero y cristiano espíritu de
iniciativa, propio de juventud. Lucha contra el mal y contra los problemas con
entereza, con virilidad, con espíritu constructivo. Ya dijo el sabio Salomón
que: “El haber precioso del hombre es la diligencia” (Prov. 12:27). Pon la tuya
al servicio de Dios y realizarás grandes obras. No temas ni aun lo que parece
difícil. Que Dios te bendiga, amigo mío, para que pongas tu juventud al
servicio de Dios y te asegures el cielo por tu fe actual y por el servicio que
le rindes al Todopoderoso.
Hay ancianos que parecen más jóvenes que los mismo jóvenes y
no temen las dificultades: las atacan y las vencen en cuanto tienen una
oportunidad.
Ser joven. ¡Saber serlo! Triunfar sobre la vida es no dejar
al alma perder la juventud; es caminar siguiendo la ruta esclarecida del bien
que llena el mundo de gloria y de virtud.
Juventud: Entusiasmo, corriente de energía que sufre porque
siente y lucha porque cree.
Ser joven es ser hombre por la sabiduría; luchar sabiendo
siempre por quién y para qué.
¡Oh juventudes rotas, sin fe, sin ideales, ultrajes
vergonzosos de esa divinidad!
Las juventudes nobles, de anhelos celestiales, serán contra
vosotros, como la tempestad.
¡Hacia el futuro siempre! Dejemos el pasado lleno de
sombras, vamos hacia un mundo mejor; hacia el reino glorioso que habló el
crucificado, el más sublime ejemplo del hombre luchador.
¡Eternamente joven es Dios! Su fuerza eterna inunda el
universo de inmensa claridad.
Dejemos que nos guíe quien todo lo gobierna…
¡Hacia Dios!... ¡Oh, Dios mío, tú eres la Santidad!
Hay jóvenes que ocuparían contentos su lugar en las filas
del ejército que lucha contra el mal, que lucha por Dios, y para Dios, pero
temen la opinión y la crítica de los demás. Pero, mi joven amigo, esa es una
actitud negativa y es, además, una posición peligrosísima, porque quien le
niega a los demás la bendición que puede darles, es indigno de recibir a su vez
cualquier clase de bien. Debemos dejarnos guiar por la crítica de quienes nada
dan en cambio de lo que quitan. No. Si el Señor pide un valiente para que se encargue de una misión
en su nombre, demos un paso adelante y digamos con las palabras del profeta
Isaías: “Heme aquí, Señor, envíame a mí”. Jesús de Nazaret estará junto a
nosotros en nuestra obra de bien. Seamos leales, cueste lo que cueste, y él nos
llevará de triunfo en triunfo.
-Autor desconocido

¿Quién podrá separarnos del amor de Jesucristo? Nada ni nadie. Ni los problemas, ni los sufrimientos, ni las dificultades. Tampoco podrán hacerlo el hambre ni el frío, ni los peligros ni la muerte. Como dice la Biblia:
ReplyDelete«Por causa tuya nos matan;
¡por ti nos tratan siempre
como a ovejas para el matadero!»
En medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quien nos amó, nos dará la victoria total. Yo estoy seguro de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la vida ni la muerte, ni los ángeles ni los espíritus, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes del cielo ni los del infierno, ni nada de lo creado por Dios. ¡Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado por medio de nuestro Señor Jesucristo!
Romanos 8:35-39
EN CRISTO SOMOS MAS QUE VENCEDORES!!
http://juventudmasquevencedora.blogspot.com/